La vida es como una montaña para la Mexicana que conquistó el Everest.
La vida es como una montaña para la Mexicana que conquistó el Everest.
La primera mujer latinoamericana que conquistó el Everest, la mexicana Elsa Ávila, convirtió su experiencia en el alpinismo en una filosofía de vida que comparte en la empresa de motivación que creó tras retirarse de las montañas por un problema cardíaco por el que lleva un marcapasos.
"La vida es una montaña que escalar", afirmó hoy Ávila en una entrevista con Efe en la capital mexicana, donde acaba de presentar su libro 'Triunfar al extremo' (Ediciones B), en el marco de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, la más antigua del país.
En una ocasión, recordó esta alpinista retirada de 44 años, estuvo apunto de perder los dedos de las manos por congelación
una tormenta le alcanzó mientras escalaba una montaña, lo que no impidió que siguiera trepando paredes para alcanzar nuevas cumbres.Según Ávila, los obstáculos con los que uno se topa en la vida son muy similares a los que uno se encuentra en la montaña, al igual que las herramientas para enfrentarlos y las recompensas al superarlos.La montañera, que ha escrito varios libros de autoayuda, alcanzó la cima del Everest el 5 de mayo de 1999, diez años después de haberlo intentado por primera vez, cuando se quedó a 98 metros de la cima por una hipoxia o "mal de montaña", un trastorno originado por la falta de oxígeno que también suele afectar a submarinistas."Aquellos 98 metros que habían quedado pendientes, aquel llamado tan impactante de la montaña que quería enseñarme algo" fueron los motivos por los que lo volvió a intentar, reveló.En total, la alpinista participó en ocho expediciones a diversas montañas del Himalaya y alcanzó la cota de los 8.000 metros en seis ocasiones, además de convertirse en 1987 en la primera mujer latinoamericana en escalar una montaña por encima de esa altura mítica, el Shisha Pangma, en el Tíbet."Si no estás decidido, si no tienes un sueño, si no hay motivación, si no hay voluntad, si no hay un compromiso contigo mismo y un conocimiento de ti mismo", no se consigue nada, aseveró.Recordó asimismo que con quince años se adentró en el mundo del alpinismo porque era "algo diferente" que le permitía probarse a sí misma y descubrir nuevas facetas de su carácter y su cuerpo."Fue darme cuenta de que yo podía llegar tan alto como me lo propusiese en base a mi preparación, a mis capacidades, a reconocer mis limitaciones, y todo eso finalmente me regalaba una recompensa como la cumbre, la vista y la experiencia", señaló.Durante su carrera Ávila sufrió graves percances como edemas pulmonares y cerebrales, considerados por la deportista "momentos de invitación a morir".Era más fácil, explicó, dejarse llevar por esas "invitaciones" producidas por de la falta de oxígeno, como el aletargamiento o la apatía, que "por el otro extremo de 'aquí está la vida'"."Eran momentos de lucha conmigo misma, pero nunca me planteé tirar la toalla", dijo.A inicios de 2002, a causa de una insuficiencia en el corazón se le implantó un marcapasos que derivó en otros problemas cardiacos, lo que la forzó a dejar el deporte."Al principio estuve necia queriendo hacer bicicleta de montaña, correr, kayak. Hasta que mi cuerpo decía 'hoy no puedo' y sufría taquicardias de 230 pulsaciones que me dejaban tirada el resto del día", recordó.Aprendió entonces que era el momento de dejar atrás el deporte extremo para dedicarse a otras cosas, como a enriquecer su vida espiritual y encarar las distintas facetas de la existencia humana, lo bueno y lo malo, porque "la montaña manda tormentas a todos por igual"."El aspecto humano lo estamos perdiendo todos inmersos en la evolución o en la civilización; dejamos de ser, nada más queremos tener, nos volvemos cifras, récords, personajes, y finalmente somos todos iguales", indicó.Aunque es consciente de que su cuerpo ya no se lo permitiría, Ávila sueña aún con escalar el K-2, la segunda montaña más alta del planeta, las Torres del Trango, en Pakistán

